Nuestros voluntarios son estudiantes universitarios que vienen a servir al prójimo. Son de diversas universidades, de diferentes facultades, de varias comunas, morenos o blancos, hombres y mujeres en cantidades iguales e iguales en el amor que entregan. Pero lo más importante es que todos ellos reciben mucho más amor del que dan y ellos lo sienten así, por que lo reciben de nuestros niños y adultos que necesitan rehabilitarse. Son seres nobles y generosos, sencillos y honestos, simples y espontáneos que con lo único que saben decir gracias es con amor y que amor más hermoso que el que se puede recibir de personas tan especiales.
La labor de nuestros voluntarios es velar por la seguridad y ayudar a nuestros pacientes en su rehabilitación durante sus tratamientos de Hipoterapia. Ellos nos donan su tiempo libre, se esfuerzan y se capacitan para dar el mejor servicio y seguridad a quien lo necesita. Sus mentes, oídos, ojos y cuerpo están puestos en aquel ser que recibe ayuda, pero lo más importante es que tienen su corazón puesto en ese prójimo que tiene la esperanza de mejorar su lesión.
Ser voluntario de la Fundación Chilena de Hipoterapia no es fácil, se necesita ser muy hombre o muy mujer, entregar dedicación y cumplimiento a las horas comprometidas, mucho conocimiento y capacitación, cumplir las instrucciones del kinesiólogo, velar por los pacientes y por el noble animal que permite que usen su cuerpo como herramienta sanadora. Deben aprender ejercicios especiales para cada patología, tener fuerza para sostener al paciente y la suavidad de trato que sólo sabe dar un padre o una madre a su hijo.
Nuestros voluntarios son nuestro orgullo, son vitales para todos los programas de terapia y su felicidad son los momentos mágicos que producen el esfuerzo y la capacidad al compartir los éxitos que logran, especialmente con los niños. Tenemos 19 años desde que iniciamos la Hipoterapia en Chile, nuestros voluntarios son de la llamada generación privilegiada, que han provocado cambios profundos en el mundo, tanto en el dominio de la ciencia y de la técnica como en la vida social y cultural, han visto extender y ellos están extendiendo el poder del hombre sobre la naturaleza, pero lo más importante, es cómo han acortado las distancias que separan a hombres y naciones por una conciencia más clara de la unidad del género humano, y ese reflejo se ve interiormente especialmente en nuestro país. Nunca ninguna generación chilena ha tenido la cantidad de voluntarios y tal cantidad de instituciones de ayuda tan auténticamente solidarias como la actual, su espontaneidad para entrar en contacto con sus hermanos y hermanas por encima de divisiones artificiales que mantienen nuestro país en una desigualdad que todavía es increíble, aunque ha mejorado mucho. Esta juventud voluntaria para ayudar al prójimo es la gran mayoría de nuestra juventud y nos hace ver un futuro lleno de esperanzas. Quién ayuda al prójimo, me está ayudando a mí, dice la tradición religiosa.
El más antiguo de nuestros voluntarios lleva con nosotros 19 años, llegó cuando todavía estaba en el colegio, hoy ya es un flamante abogado y es uno de los directores de la Fundación Chilena de Hipoterapia. Como el son varios los que están hace ya seis o siete años con nosotros y entraron a la Universidad, pero su objetivo es seguir sirviendo al prójimo.
Hay muchos voluntarios nuevos que van a seguir los mismos senderos de la vida que es dar amor, amor del bueno y recibirán de vuelta el amor más puro y noble que existe que viene de éstos ángeles tan apreciados por Dios, como lo son especialmente nuestros niños. Por ello cuando leo la prensa a diario o miro las noticias en televisión, doy gracias a Dios de vivir rodeado de estos donadores de su tiempo libre y creo que todos estos jóvenes tan inhumanos, egoístas, egocéntricos que muestran a diario nacional e internacionalmente los medios son muy pocos, que la verdadera juventud y los más, están representados por este voluntariado que hay en todos los ámbitos, que muestran la llama de la paz, amor y trabajo, por que son creyentes que al ayudar a los seres más vulnerables se aprende a amar tal cual El nos ama. El mundo de los hombres gracias a éstos voluntarios se hace cada día más humano.

